martes 24 de agosto de 2010

jamás crecerás...

Hace un par de meses fui a ver la muestra/obra final de la escuela para la que trabajo en mi fase practicante-pagopiso-notengovisa. Lamentablemente el director y el escritor in-house se encargaron de convertir dos años de entrenamiento actoral en "una obra con diecisiete actores en escena!": una mezcla de cenicienta con desesperanza amorosa, postmodernidad y musical latino... entendieron? Yo tampoco. Un horror. ¿Qué onda con el exceso si al final solo tendrían que mostrar la calidad actoral? ¿Qué paso con la simple yuxtaposición de escenas de trailer?

Anyway, como se supone que tengo que bajarle los decibeles a mi exceso de afán crítico no-constructivo - y además quedar bien con mi jefe -decidí ver una obra más, esta vez de la Youth Theatre Company. No sé si son las pilas pre-veinteañeras pero fue un gol. Buenísima. Calidad actoral ok, pero sobre todo un texto lindo para mostrar a cada uno de estos 15 actores en escena. Sin trailers ni yuxtaposiciones.

Never is an awfully long time presenta a Wendy, Alicia, y Dorothy, enfrentadas al crecimiento adolescente. Las tres resultan contemporáneas, reales, y con todas las justificaciones posibles para sus personajes. Mientras Wendy se enfrenta a la urgencia de tomar decisiones reales respecto al futuro de su prematura relación amorosa, Alicia juega a escaparse del mundo de scumbags en el que ha crecido (party, party, party y aún así no me divierto), y Dorothy se ve atrapada en el mundo del embarazo no deseado (así, es, atrapada, justo como en Oz), mientras sus amigas realizan el viaje a SudAsia que ella tanto había planeado. ¿Les resultan familiares? Sí, por supuesto. Y es que cada propuesta conserva la esencia de su personaje. Y aún así se relaciona con el nuestro.

Un par de semanas después me arriesgo a empezar algunas clases de actuación, justo con la profesora que dirigió la obra que tanto me gustó. En realidad me aburro infinitamente, no estoy acostumbrada al optimismo irlandés como metodología de enseñanza, y extraño la crítica honesta, dura y casi destructora de Roberto Ángeles, e incluso - para no sonar masoquista - la crítica versión paternal de Ísola y Gené. 5 semanas y una muestra después, no he aprendido nada ni afinado mi oxidado entrenamiento actoral en mis escuetas clases de 2 horas, pero me he ganado con una conversación larga con mi profesora. Resulta que es ella quien ha escrito la obra. Completita. Y que igual que yo, se había escapado por años de la zona teatral. Y ha regresado.

Empiezan entonces las preguntas: ¿Se puede volver? ¿ Quiero volver? ¿Necesito volver? ¿Y haciendo qué?

James me pregunta, después de una cómica charla sobre Martin McDonagh y su obsesión con la mentalidad irlandesa: y tú sobre qué quieres escribir? Y yo no sé qué responder... por primera vez no tengo ningún lugar cómún en la punta de la lengua, sólo un cúmulo de imágenes que se alocan por volver, por nacer, por gritar, y que no saben explicar porqué.

¿Será que me toca volver?

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